Efraín Jara Idrovo (Cuenca, Ecuador, 1926). Licenciado en Filosofía y doctorado en Jurisprudencia, ha combinado la creación literaria y la promoción cultural con la actividad académica universitaria. Vivió un tiempo en las islas Galápagos Fue director de la revista El guacamayo y la serpiente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azua. En 1999 recibió el Premio Nacional Eugenio Espejo por la totalidad de su obra. Ha publicado los poemarios Carta en soledad inconsolable (1946), Tránsito en la ceniza (1947), Rastro de la ausencia (1948), Dos poemas (1973), Sollozo por Pedro Jara (1978), El mundo de las evidencias (1980), In memoriam (1980), Alguien dispone de su muerte (1988), De lo superficial a lo profundo (1992), Los rostros de Eros (1997) y El mundo de las evidencias 1945-1998 (1999).
EN LA ALFOMBRA, SENTADA, ESTÁS DESNUDA
Lo mismo que la antorcha, estás desnuda,
perfección de la llama es tu belleza.
Perfección, desnudez, abstractas, hablan
no a los sentidos, al entendimiento.
Primor y perfección suman belleza,
delicado equilibrio de las formas:
serenidad de las constelaciones,
glacial incandescencia del diamante.
En la alfombra, sentada, estás desnuda;
repliegas contra el pecho las rodillas:
sin ofrendarte exhibes tu inocencia.
Ausente, me sonríes, como en sueños.
Desnuda eres irreal de tan perfecta.
¡No veo el cuerpo, miro tu hermosura!
GRACIAS POR DARME, AMOR, TU AIROSA FLECHA.
Gracias por darme, Amor, tu airosa flecha
que me ensangrienta en horas ya de ocaso:
lapso en que al corazón ronda el misterio
con su respiración de leopardo...
Tiempo y conocimiento no menguaron
mi intrepidez, mecida entre relámpagos.
La intemperie es mi patria, no el sosiego.
Amo la intensidad, no lo que dura.
Y gracias por Preciosa. Hallé en sus ojos
al enigma enfrentado en el espejo:
si hay que morir, que sea enamorado.
Desde que hundí mi rostro entre sus senos
nostalgia apenas soy de su tersura,
nunca más voluntad ni pensamiento.
